Diseño sin cursivas

Si quieres OIR esta columna sobre Diseño y Cursivas pincha aquí

Estoy tentado de saltarme un par de entradillas más y presentarme ante mi compañera Amelia Fernández y su “Hablando en plata”, también aquí en Radio5, porque no cesa de perseguirme esta molesta coletilla: ah, sí, es un mueble de diseño. Si se pudiese poner una voz en cursivas, creo que sería así, despectiva: de diseño, como tantas veces se oía en los ochenta… qué tiempos…  En aquellos años asumimos que era moderno el pelo cardado (para chicos y chicas), las hombreras (indistintamente también) y que los objetos fueran inútiles y estrambóticos; en fin, de sabios es rectificar. El exprimidor de Phillip Stark, desde luego, es icono de entonces: inútil, caro e imprescindible en casa de cualquiera, que pudiese permitírselo: ¿lo recuerdan? una forma de araña metálica, con la que no había manera de exprimir nada de nada. Pero bueno, se empezó a hablar de diseñadores, se les empezó a poner cara, y con la cara, viene la cruz; de ésa de la que estamos hablando.

En el caso que nos preocupa, el uso de las cursivas es, según el Libro de Estilo de El País (abro comillas) “como segundo sentido, cuando se quiere dar cierto énfasis (…) atención: un texto inundado de palabras en cursiva o considera tonto al lector o está escrito sólo para iniciados”.
Es una interesante reflexión que quizás da en el clavo; siempre he sospechado que decir “un mueble de diseño” es un problema de no saber describirlo bien, y como tal es un problema del emisor, no del mueble.

Porque, en un sentido estricto, todo es de diseño. Todos los objetos en los que puedas pensar son objetos diseñados: desde una tosca cuchara de palo hasta tu sofisticado teléfono móvil. Las cosas, los objetos pueden ser de diseño moderno, de diseño minimal, de diseño absurdo, estrambótico, asimétrico, hiriente si se quiere, incluso de diseño ochentero para llevarlo al límite de lo admisible.

Y sobre todo, lo más inaceptable de todo es que no se usen términos tan obvios como bueno y malo. Porque hay diseño bueno y diseño malo, y ante el malo hay que decirlo con todas sus letras. Si el exprimidor de Starck es un mal exprimidor, digámoslo sin rubor: no sirve para exprimir limones, está mal diseñado como exprimidor. ¿Es un objeto bello, una obra de arte, algo absurdo? Sea lo que sea, que otro lo defienda, que yo estoy aquí para hablar de diseño sin cursivas.

Oyer Corazón para Radio5 Todo Noticias –
Emitido el 29 de mayo 2009

  1. Y eso en objetos que todos consideramos que deberían, sobre todo, ser útiles.

    En el mundillo web, algunos ven en el diseño (con cursivas, negrita, redondillas, versales,…) no el medio sino el objeto, con lo que a veces parece que todo vale.

  2. Sobre esto hay un interesante video en youtube del que te dejo aquí el link:

    Un saludo

  3. Hola,

    Pues parece que ahora el señor Starck arremete contra los diseñadores que se creen artistas y producen objetos caros e innecesarios….
    http://www.fad.cat/files/clipping/1247483074-pag12.pdf

    ¡Vaya tela!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: