¿Semos profesionales?

Una duda me asalta a través de este blog. Pablo pregunta ¿cuándo puede uno considerarse Diseñador Profesional? Cáspita, pues vamos a ello.

En nuestra profesión no existe ningún “certificado” de que uno es de verdad un Diseñador; no estamos colegiados, y la carrera es bastante reciente por lo que tradicionalmente no se ha valorado el tener un título. Cualquiera se puede proclamar Diseñador sin que nada se le pueda objetar, lo cual da lugar a que cualquiera armado con un ordenador y al que se le suponga “un cierto buen gusto” se ofrece para, por ejemplo, hacer un logotipo. Entonces… ¿cuándo puede uno considerarse un profesional? Pues, sencillamente, uno puede considerarse diseñador profesional cuando puede vivir de ello. Es mi opinión, por supuesto, y la mantengo especialmente porque introduce un elemento para mi fundamental en nuestra profesión: que existe un encargo y que se cobra por resolverlo satisfactoriamente. Uno es un profesional cuando entiende que se trata de resolver un problema a un cliente; esto destierra a Nuncajamás dichos como “es que el cliente no me entiende” con los que algunos colegas se justifican… es que tu trabajo es que el cliente te entienda; y sí, claro, existe el Cliente Venido del Infierno con el que todos nos hemos topado en algún punto de nuestra vida profesional, pero… así es la vida, hay que estar a las duras y a las maduras (caray, qué sexista me ha sonado esto útimo).

Esto me recuerda una Carta al Director que se publicó en la revista californiada Emigre que decía  “el diseño vive en dos mundos, el del Arte y el del Comercio, y su permanencia como concepto dependerá de su eficacia práctica. El Comercio ejerce su presión sobre el Diseño para que sea siempre nuevo (nuevos productos, invento, eficacias) y el Arte, por su parte, le impulsa a experimentar, a rompre con lo viejo. El arte, decía Oscar Wilde, es inútil; y el Comercio, como sabemos, depende de la utilidad. El Diseño vive y respira, anfibiamente, en las escurridizas aguas de esta tensión.”  Y hasta aquí el Rincón del Oyente Sensato, todos vuestros comentarios son muy bienvenidos y los considero el feed-back necesario para seguir en las ondas… gracias a todos.

Oyer Corazón para Radio 5 Todo Noticias

Si quieres OIR ESTA COLUMNA sobre Ser Profesional, pincha aquí

Links interesantes:

Emigre, desde luego, inmennnnsa revista, biblia para todo diseñador. Ser esta revista es lo que me he pedido para mi próxima re-encarnación). Y el link a la Carta de David Barringer (Davidson, NC) de donde he sacado esta definición; la traducción es mía y asumo sus errores y recortes, pero en la Radio hay que ser muy conciso e ir al grano… aparte que está tan bien escrita en inglés que me ha sido difícil estar a la altura… lo sé, lo sé, “anfibiamente” no existe ¿qué estaba yo diciendo?

Una página de humor visual, de donde sale la imagen que encabeza el Post.

Y gracias a Pablo, por su comentario que disparó este Post; su web: http://trasdesign.tumblr.com/

  1. Hola Oyer,

    Más preguntas! bien…

    Esa pregunta aparentemente es más fácil, por lo menos para mi, que creo que siempre me la he sabido contestar y me he quedado satisfecho.

    Me convertí en un profesional cuando supe garantizar el éxito de un proyecto previamente haberlo realizado. Es decir que los clientes me contrataban porque sabían que siempre existiría un trabajo que cumpliría las expectativas.
    Así, yo mismo entendí que trabajaba con unos elementos objetivos que me permitían esas efectivas aproximaciones por lo que conocía mis herramientas, tenía conocimientos para ello, gestionaba bien los recursos y comunicaba bien mi propio trabajo.

    No se si te sirve, pero para sintetizar podríamos decir que uno es profesional cuando:

    -Conocer su entorno profesional.
    -Poseer conocimientos que permitan dar solución total al proyecto.
    -Utilizar las herramientas de su disciplina con eficacía.
    -Ofrece garantías previamente.
    -La solución es inteligible para el cliente y el mercado.

    Más o menos…

    Saludos!

    • oyer

      Gracias Jose Manuel por la respuesta; introduce un elemento que suelo comentar a los estudiantes de Diseño, y que no sé qué opinarás al respecto. Yo llevo poco más de diez años como diseñador (antes fui copy en agencias, pero eso es otra historia), y realmente en mis primeros años, cuando iba a una reunión, ¡nunca sabía si iba a ir bien o no!

      Cuando hablas de “garantizar el éxito de un proyecto previamente haberlo realizado”… ¿cuándo fue eso en tu carrera profesional? Yo, ahora ya SÉ que cuando voy a presentar un trabajo ES un trabajo profesional y que responde al “briefing” del Cliente. Pero muchos estudiantes me preguntan si es normal sentir el “miedo” a que el Cliente te diga que estoesunamierda… se sienten inseguros y no tienen claro si lo que llevan “está a la altura”, digamos. Creo que los estudiantes salen de la escuela con buenos conocimientos “visuales” y de manejar las herramientas… pero que desconocen totalmente su entorno profesional (tu primer punto). La semana que viene se emite una columna en la que hablo de esto, pero ¿no te parece increible que nadie, al salir de la carrera, tenga la más remota idea de hacer un presupuesto?

      Intentando hacer un poco de ruido, el otro día puse un tweet que se preguntaba “¿porqué un diseñador cobra lo que cobra?” Sé que es un punto que “pone nervioso” a muchos estudiantes (cuando tienen que decir lo que cuesta su primer trabajo, haciéndolo como autónomo), me da la impresión de que ellos mismos NO CREEN MERECERLO; y me da la impresión de que muchos no-diseñadores no se atreven a decir lo que piensan sobre esto por miedo a que les echemos a los perros… ¿lo haríamos? ¿tenemos el valor para defender lo que creemos que tiene valor? No me resisto a insistir sobre el tema: ¿somos los diseñadores unos “singingmornings”?

      • Buenas Oyer,

        Parece que estemos conectados!.. Que cosas….iba a subir mañana día 1 una reflexión a mi web sobre lo que opinio de los precios y presupuestos… La tengo preparada desde hace tiempo pero voy subiendo cosas poco a poco cada semana para no saturar, son reflexiones (algunas) algo densas… pero me viene al pelo para el preestreno aquí! je,je,je….. te lo dejo por si te interesa. Luego, con algo más de calma y tiempo intento mirar de darte mi opinión sobre lo que comentas de los miedos, cuando somos conscientes de que garantizamos un proyecto, etc..

        Valores y cotizaciones.

        Por desgracia hay ciertas cosas que no nos enseñan cuando somos alumnos pero que acaban siendo vitales para desarrollar la carrera estudiada. Una de esas cosas que no me ensañaron en su día mientras estudiaba diseño es la valoración del trabajo de forma económica.
        Así que es una carencia inicial con la que empezamos a ejercer nuestra profesión. Muchos la vamos solucionando “parametrando” ciertos elementos que nos permiten establecer unos valores mínimos objetivos pero parece que otros muchos profesionales no logran hacerlo o les cuesta disponer de suficientes elementos valorables para la confección de ofertas de diseño industrial. O eso es al menos lo que interpreto cuando hablo con otros colegas de profesión que optan, en la mayoría de los casos, en proponer un tanto alzado por proyecto en función de…. Bueno en función de no se sabe muy bien que, esa es la realidad y el problema. Así que es lógico pensar:

        -¿Es justo, tanto para el cliente como para el profesional, el precio ofertado de esta manera tan imprecisa?, ¿Nos sale rentable el trabajo?. ¿El cliente paga el precio adecuado?.

        Lo más correcto sería que cada profesional, como he dicho antes, estableciese sus propios elementos de valoración puesto que no podemos (ni es tampoco justo) presupuestar únicamente, cómo hacen erróneamente algunos, teniendo tan solo como referencia el coste general de otros profesionales que además en la mayoría de los casos dispondrán de gastos, experiencia, conocimientos, infraestructuras e incluso caché (es un valor añadido logrado a través de la experiencia y su posicionamiento de mercado) diferentes a las nuestros.

        Pienso que el valor de un trabajo de diseño industrial, o de forma general de un trabajo creativo, puede establecerse de forma bastante precisa y objetiva frente a lo que se suele opinar y hacer. Si más no, si que disponemos de muchos y diversos elementos que podemos cuantificar y que pueden incluirse dentro de la cotización, o ser en esencia la propia cotización, para establecer un coste más o menos justo del proyecto acabando con la anarquía y arbitrariedad existente al respecto.
        Pero no todo son fórmulas máginas y muchos, pese a todo, nos seguimos pillando los dedos porque a la fin siempre aparece más trabajo del pensado y cuesta cuadrar los números. No por esto debemos rechazar este cálculo aproximativo y es fundamental intentar anteponerse al esfuerzo y a los medios que se derivarán en un proyecto.

        Podemos reconocer que no es fácil establecer económicamente un proyecto porque todos los elementos que intervienen en el desarrollo y que deberían servir para establecer la objetividad del coste del trabajo son en cierta medida valores fluctuantes, valores “móviles”, pero no por ello dejan de ser parámetros mesurables que podemos usar para un cálculo presupuestario más o menos preciso. Veamos:

        Por ejemplo en primer lugar disponemos del coste “natural” de mercado del proyecto que no es más que aquel precio por el que un proyecto de diseño puede encontrar su propia cota de venta entre sus análogos a iguales condicionantes. Es un coste que viene determinado normalmente por la demanda y por la predisposición del “target específico” en adquirir ese resultado de diseño industrial a cierto umbral de precio.
        Este baremo podremos encontrarlo, sin necesidad de experiencia y de entrada, por ejemplo en el libro azul que edita anualmente la A.D.C.V.. A medida que nuestra experiencia aumente y nuestro entorno profesional también crezca acabaremos conociendo el coste de otros profesionales de forma natural disponiendo cada vez de datos más precisos.

        Por otro lado disponemos del esfuerzo que hemos de realizar presuntamente para llegar a la solución de diseño industrial.
        Aceptamos que existe un tiempo indefinido dedicado a la maduración intelectual de las ideas que realizamos de forma constante, incluso fuera de horas laborables, que siempre podemos valorar de forma general como concepto de aportación creativa.
        Podemos tener además, más o menos controlado, el tiempo dedicado al desarrollo y materialización de la idea, es decir aquellas horas que pasamos delante de la mesa o dedicándolas en exclusiva al proyecto. Son horas de “esfuerzo material” que podemos cotizar de forma objetiva puesto que vienen dadas por lo que nos cuestan básicamente las infraestructuras y recursos; como el alquiler de un local, el mantenimiento de maquinaria, el material de oficina, el software, gastos generales, etc… siendo elementos que permiten realizar nuestro trabajo y que suponen cargas monetarias que deben recuperarse o amortizarse en los trabajos desarrollados. A estas horas podemos imputarles también un % en concepto del margen de beneficios deseado y el propio valor añadido que tenemos como profesionales (caché).

        Otro coste que podemos y debemos tener en cuenta es la cesión de nuestros derechos como autores. Eso debe ser reflejado también en el coste, puesto que por ese trabajo, por ese en concreto que responde a nuestra autoría se va a realizar una explotación por parte del cliente y se van a lograr una constante entrada de beneficios. Este concepto puede cotizarse en función de los objetivos logrados regularmente o bien de entrada determinando ese valor, cómo mínimo, de forma simbólica.

        Ser efectivos y además rápidos obligaría a incrementar porcentualmente el valor de nuestras horas profesionales ya que derivamos menos tiempo, que otros profesionales menos efectivos, y lo debemos compensar debidamente.

        La experiencia y el mercado logrado al cabo de los años son también datos a considerar que podrían suponer ciertos porcentajes en una cotización objetiva pues en cierto modo garantizan los objetivos y avalan las soluciones.

        Otras muchas tareas tales como la supervisión, visitas a proveedores, reuniones, etc.. no son solo valores de medida temporal sino que suponen gastos implícitos en el desarrollo de un proyecto de diseño industrial que deben estar reflejados en la cotización para no tener pérdidas….

        ….. Y la verdad es que podríamos seguir puntualizando elementos, más o menos objetivos, que conformarían una valoración justa para un proyecto de diseño industrial, aunque creo que no hace falta añadir muchos más para contestar las preguntas iniciales y para darse cuenta de que establecer un tanto alzado “a bote pronto” sin más, derivará probablemente en un error que supondrá tener pérdidas, es decir perder dinero en el mejor de los casos o estar engañando al cliente con un sobre-coste en el peor de los casos.

        Espero sinceramente que “reflexionar en voz alta” sobre este tipo de temas sirva para que otros diseñadores, que hasta ahora han tenido dificultad para valorar los encargos, logren disponer de algunos elementos a tener en cuenta que les permitan mejorar en este sentido o bien tomen consciencia de lo importante que es lograr una solución a este problema en beneficio de ellos mismos, de los clientes y del mercado.

      • oyer

        Qué bueno, sigamos abriendo temas!! Muy buena tu reflexión, recomiendo además verla en tu propia web porque conserva las negritas y cursivas originales (lo cual, tiene su importancia). Creo que WordPress no permite hacer negritas ni cursivas en comentarios (bueno, a mi sí, claro).

        Por cierto, fundamental la referencia al librito de la ADCV sobre El Valor del Diseño: ¡estudiantes, buscadlo y utlizarlo como referencia!

  2. Jama

    La verdad es que el DRAE lo deja bien claro:

    “Que practica habitualmente una actividad, incluso delictiva, de la cual vive”

    Uno es diseñador profesional cuando cobra por ello, no tiene nada que ver con calidad de su trabajo, ni si es capaz de resolver o no problemas.

    PD Oyer, cada vez mejor

    • Razón “literal” no te falta desde luego…

      Pero está claro que hablamos de definiciones conceptuales, mucho más ampliadas. Porque si yo tuviera que limitarme a desarrollar mi trabajo y diseñar tal y como lo define el DRAE te aseguro que sería muy fácil, eso si, a ver que cliente me contrata por:

      Hacer una disposición de manchas, colores o dibujos que caracterizan exteriormente a diversos animales y plantas.

      o por hacer una Traza o delineación de un edificio o de una figura.

      O cualquier otra mermada definición.

      Saludos!!

  3. Buenas nuevo, espero no ser pesado, la verdad. Como bien dices en una respuesta de otro post oírse constantemente a uno mismo aburre y no sabes si para “el lector” es también aburrido. Aunque espero que no.

    Te debía una respuesta al respecto del “miedo” al que aludías así que de forma breve puedo decirte, espero que para consuelo de muchos de tus estudiantes, que yo hoy día aun lo siento tras más de 12 años como profesional. E imagino que todos lo sentimos o esa debería ser la tónica general por lo que ese “temor” representa en realidad.

    Podríamos decir que esa situación es como aquella sensación que siempre cuentan los actores con el estreno de las obras de teatro aunque lleven años representando. Siempre se tienen nervios como el primer día y eso en realidad nos está advirtiendo del nivel de exigencia que demandamos a nuestro propio trabajo.

    Al principio pensaba que era el temor habitual de un inexperto con falta de experiencia (cómo pueden creer los estudiantes) o incluso como dices miedo al fracaso pero ahora le he podido poner el nombre concreto que tiene. No es más que RESPONSABILIDAD. Y ante una nueva presentación, como he dicho, aun siento los mismos nervios que el primer día, exactamente los mismos. Es un nerviosismo que nace de la responsabilidad y en el hecho de pensar en si todo estará a la altura y plenamente controlado. Si se ha trabajado lo suficiente y está en realidad todo tan cerrado como uno cree.
    Así que por desgracia los recién licenciados no dejarán de sentirse así jamás pero por lo menos sabrán que eso significa que están en el buen camino.

    Sobre la certeza de saber si un proyecto tiene plenas garantías si puedo decir que ese momento no se produce hasta que el rigor no impera en tu trabajo, al margen de la experiencia que se tenga. En realidad depende de la actitud de uno mismo con su trabajo.
    Cuando uno trabaja con rigor y se ha ajustado el proyecto a un brief y éste responde a esas problemáticas, o a la mayoría de ellas, uno sabe que el proyecto está oK.
    El hecho de que un proyecto esté ok es un dato objetivo que se puede medir lógicamente en referencia al cumplimiento de los condicionantes del briefing (si además el resultado va un paso más allá y es innovador, indudablemente que es mucho mejor) así que uno en realidad no podría sentir miedo por las opiniones futuras que se puedan lanzar porque en realidad se ha cumplido, de forma mínima o con un paso más allá, lo exigido.
    Quizás tan solo debemos saber, entender y aceptar que podremos enfrentarnos a opiniones subjetivas de ciertos clientes, tales como; “me gusta” o “no me gusta”. Así que para vencer ese pánico escénico debemos ser conscientes que esa subjetividad es un elemento muy pobre y que frente a ella nosotros podemos y debemos justificar siempre el proyecto con los valores objetivos de los que disponemos, eso es todo.

    Está claro que a un diseñador le ayuda mucho tener clientes inteligentes que sepan dejar al margen las opiniones subjetivas, que son las que podrían hacer más daño, y se que diréis;

    – Pero que difícil es eso!!. ¿Dónde están esos clientes?

    He aprendido, al respecto de los clientes, que en cierta forma es el diseñador, es decir nosotros, los que debemos “adoctrinar” al cliente y llevarlo a adquirir una “inteligencia de diseño” a partir de información, comunicación y buen hacer. Muchas veces, tal y cómo decía un profesor mío, nuestro trabajo se basará primero en explicar cuales son los objetivos del diseño y nuestro trabajo. Dejar claro además que el gusto y las impresiones subjetivas no son nunca una razón de peso para descartar y/o criticar un resultado.

    A modo de anécdota (a lo largo de tantos años tengo para escribir un libro) puedo explicar que mi primer proyecto fue para un importante director de Marketing de una importante multinacional. Si, la verdad es que mi primera puesta en escena fue a lo grande. Pues tras la presentación del proyecto me dijo dos cosas que se me han grabado a fuego, una es:

    – Si te hacen una pregunta al respecto de un asunto que flojea de tu proyecto tu di siempre la verdad y cierra esa brecha. Por ejemplo puedes decir que no has profundizado mucho o que reconoces que es un aspecto en el que hay que trabajar un poco más. Porque si mientes o intentas convencer con esa carencia evidente del proyecto te harán trizas por ahí. La gente tiene un deseo constante de tirar las cosas por el suelo.

    Y la segunda, que muestra lo que comentaba antes sobre los clientes inteligentes, es :

    – El resultado no me gusta nada. Pero nada!! (me dió su opinión subjetiva)… Pero es justo lo que necesitamos. Enhorabuena por el proyecto!!.

    Que inteligencia, ¿verdad?. Era capaz de separar sus gustos personales y por tanto subjetivos de su análisis como profesional del marketing que debe ser más objetivo y mirar por los éxitos de la empresa.

    De él aprendí mucho, muchísimo, la verdad es que me dijo muchas cosas útiles durante muchos años.
    Y ahora cuando me encuentro ante un cliente que dice “no me gusta” (que es al miedo que se enfrentan los alumnos) le justifico nuevamente el proyecto en base al briefing y las soluciones aportadas y después le digo:

    – “Si, la verdad es que le entiendo perfectamente. El proyecto puede no gustarle, a otros en cambio le aseguro que les gustará mucho. Así que esa no es realmente una cuestión que sirva para tomar una decisión. Lo importante es que es lo que necesita su empresa.”

    Saludos!

    Jose Manuel.

  4. Oyer, genial este Post.
    Me intereso mucho conocer tu opinión sobre el tema y además ha suscitado una conversacion realmente enriquecedora, por lo menos para mi como estudiante.
    El miedo es MUY real, lo he comprobado. Yo soy aun muy joven y precisamente acabo de realizar mis 2 primeros trabajos, digamos, “como diseñador”, Tras superar ese miedo me encuentro ahora precisamente con el otro problema que exponéis Jose Manuel y tu en los comentarios (Por cierto, todo un descubrimiento su pagina!) El problema de dar un presupuesto ante un proyecto desconocido. Ya tenia el librito azul de ADCV, y era lo único que estaba siguiendo para guiarme, pero con todo lo hablado aquí creo que me voy con las cosas mucho mas claras.
    Y si, los estudiantes salimos totalmente en pañales al mundo laboral, y nos da mucho miedo empezar, dar presupuestos, enseñar resultados…Pero yo creo que al fin y al cabo el que realmente disfruta con este oficio pone empeño en ello y busca, encuentra y consigue buenas oportunidades y soluciones a todos estos problemas. Yo mismo tengo solo 20 años y 1 año de experiencia como estudiante y poco a poco voy echando a andar en este mundo loco del diseño.

    Enhorabuena a los dos por lo dicho y gracias por atender los comentarios. Sirve de mucho.

    • oyer

      Qué bárbaro, Jose Manuel, es excelente el comentario que haces; totalmente de acuerdo en la definición de algo tan escurridizo como la RESPONSABILIDAD. Creo que tenemos que tenerlo muy presente; yo solía llamarlo PROFESIONALIDAD, pero tal como tú lo pones… me siento más orgulloso de hacer mi trabajo. Y creo que debemos estar orgullosos de hacer bien nuestro trabajo, qué menos!! Creo que al comprender este concepto de responsabilidad, nos ponemos a otro nivel; tiene mucho que ver con lo que comentas del trato con los Clientes… últimamente le doy vueltas a este concepto que es el de CONQUISTAR AL CLIENTE. Me parece pelín desafortunado y que hay que cogerlo con pinzas por el tema de “conquista” como “imposición” o incluso como “truco”, no sé bien si me explico.
      Pero, bien entendido, habla de PASARLE A TU BANDO, demostrarle que “mi trabajo es que tú (tu comunicación) brilles, que adquieras visibilidad.” Antes de ser diseñador trabajaba como copy en agencias… donde siempre había que presentar tres líneas: la que quiere la agencia que salga, la que querrá el Cliente que salga, y la de enmedio, que a nadie le convence pero que acabará saliendo por llegar a un término medio. Yo nunca lo entendí: ¿porqué la que quiere la Agencia y la que quiere el Cliente deben estar a tantos años de distancia? ¿no trabajamos con el mismo objetivo?
      Y, esto de “conquistarle” tb es “ganarte su respeto profesional”; nada más claro que lo que cuentas respecto a decir claramente cuando ignoras algo.
      Y Pablo, sigue dudando, opinando y comentando, en definitiva este Post lo hice en respuesta a un comentario tuyo de hace algunos meses. ¡No perdamos impulso!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: